martes, 14 de febrero de 2012

"Hacia arriba": La vida de Pier Giorgio Frassati

Quienes creen que los santos son gente tímida y solitaria, quedarán sorprendidos ante la figura de este joven, alegre y bromista, apodado "Robespierre" y "Terror" por sus amigos.




Pier Giorgio Frassati nació en Turín, Italia, el 6 de abril de 1901. Su madre, Adelaide Ametis era pintora. Su padre, un agnóstico, fue fundador y director del diario liberal "La Stampa". Hombre influyente entre los políticos italianos, desempeñó también los cargos de Senador y Embajador en Alemania.

Pier Giorgio estudió en su hogar antes de cursar sus estudios, primero en una escuela estatal, junto con su hermana, un año menor que él y luego en una escuela regentada por jesuitas. Allí se asoció a la Congregación Mariana y al Apostolado de la Oración, llegando a comulgar diariamente.

Pier Giorgio desarrolló una profunda vida espiritual que nunca dudó en compartir con sus amigos. La Santa Eucaristía y la Virgen María fueron los dos polos de su mundo de oración. A los 17 años de edad, en 1918, ingresó en la Sociedad de San Vicente de Paul y dedicó la mayor parte de su tiempo libre al servicio de los enfermos y necesitados, cuidando a los huérfanos y los soldados de la primera guerra mundial que volvían a casa.

Decidió estudiar para ser ingeniero en minas en la Real Universidad Politécnica de Turín para poder"servir mejor a Cristo entre los mineros", como dijo a un amigo. Sin embargo, sus estudios, que consideraba su primera tarea, no le alejaron de su actividad social y política. En 1919 se asoció a la Federación de Estudiantes Católicos y a la Acción Católica. Oponiéndose a las ideas políticas de su padre, llegó a ser un miembro verdaderamente activo del Partido Popular que promovió las enseñanzas de la Iglesia Católica basadas en los principios de la encíclica "Rerum Novarum". También concibió la idea de unir la Federación de Estudiantes Católicos a la Organización Católica de Trabajadores. “La caridad no basta: necesitamos una reforma social”, solía decir trabajando para ambas.

Los pobres y sus sufrimientos eran sus dueños y él fue para ellos un verdadero servidor, vivió esa opción como un privilegio. Esta caridad no era sólo entregar algo a los demás sino entregarse él mismo por entero. Ello se completaba con la comunión diaria con Cristo en la Eucaristía y con la oración. Solía sacrificar sus vacaciones en la casa de verano de los Frassati porque “si todos se van de Turín ¿quién se encargará de los pobres?”.

Pier Giorgio se dedicó también a los deportes: uno de sus favoritos fue escalar montañas. Las excursiones que organizaba con sus amigos eran para él oportunidades de apostolado.

Solía ir al teatro, a la ópera y a los museos; amaba el arte y la música y a menudo citaba trozos de Dante. Los vehementes sermones de Savonarola y los escritos de Santa Catalina de Siena le impulsaron a ingresar en la Tercera Orden de Santo Domingo, en 1922. Quiso llamarse Jerónimo, no como el de la Biblia, sino como su héroe, el predicador dominico y reformador del Renacimiento florentino, Jerónimo Savonarola: "Soy un ferviente admirador de ese fraile, que murió como santo en la hoguera", le escribió un día a un amigo.

Como su padre, fue un acérrimo antifascista y nunca escondió sus ideas políticas. A menudo se vio envuelto en dsicuciones con anticlericales comunistas primero y luego con fascistas. Participando en una demostración organizada por la Iglesia en Roma, sufrió la violencia de la policía y se puso al lado de otros jóvenes aferrando la bandera que la guardia real había arrancado de otras manos. Él la levantó aún más, usando el asta para parar los golpes de los guardias.

Justo cuando estaba para recibirse, Pier Giorgio enfermó de poliomielitis, enfermedad que, según los médicos, se dio por contagio de los enfermos que atendía. Descuidando su propia salud, a raíz de la muerte de su abuela, falleció tras seis días de terribles sufrimientos, el 4 de julio de 1925, a los 24 años de edad. Su última preocupación fueron los pobres. La víspera de su muerte, con una mano paralizada, escribió un recado para un amigo, recomendándole las inyecciones de Converso, un pobre que él atendía.

Su funeral fue impresionante: las calles de la ciudad se llenaron de gente que su familia no conocía y que lloraba sin consuelo: eran los pobres y necesitados que él había atendido sin desmayo durante siete años; muchos de ellos quedaron sorprendidos al enterarse de que el joven que conocían pertenecía a una familia tan pudiente.

Numerosos peregrinos, en especial estudiantes y jóvenes, acuden a la tumba de Pier Giorgio para solicitar favores y aliento para poder seguir su ejemplo.

El Papa Juan Pablo II, después de haber visitado su tumba en Pollone, en 1989 dijo: 'Quiero rendir homenaje a un joven que supo ser testigo de Cristo con singular eficacia en este siglo nuestro. Yo también conocí, en mi juventud, la benéfica influencia de su ejemplo, y cuando estudiaba quedé marcado por la fuerza de su testimonio cristiano´.

El 20 de Mayo de 1990, en la Plaza de San Pedro, abarrotada por miles de fieles, el Papa Juan Pablo II beatificó a Pier Giorgio Frassati: “el hombre de las ocho bienaventuranzas”. Sus restos mortales fueron trasladados de la tumba de su familia del cementerio de Pollone a la Catedral de Turín.

Fuente http://www.pgfrassati.com.ar

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