jueves, 26 de agosto de 2010

Una ley que obstaculizaría predicar la doctrina cristiana

La Cámara de Diputados de la Nación aprobó por unanimidad, el pasado 11 de agosto, la modificación de la ley contra la discriminación, para incorporar la no discriminación por “género, identidad de género o su expresión y orientación sexual". “De convertirse en ley -señaló Mónica del Río en una nota publicada en el boletín Notivida- los que defienden el orden natural serían pasibles de sanciones, y con esta ley mordaza “la dictadura del relativismo” va cerrando el círculo: claudicación o persecución”.

“Se considerarán actos discriminatorios -explica la nota de Notivida- a los que tengan por objeto o resultado impedir, obstruir, restringir o menoscabar el ejercicio de algún derecho o garantía, relacionado, entre otros, con cuestiones de “género, identidad de género o su expresión, y orientación sexual”.

El proyecto obtuvo la media sanción sin debate y fue votado junto a otros 13 expedientes porque no tenía disidencias ni observaciones. El resultado de la votación fue de 187 votos a favor, 0 en contra, 6 abstenciones y 63 ausentes.

Junto con la ley antidiscriminatoria se modificaría el Código Penal, para reprimir con prisión al que por cualquier medio aliente o incite a la discriminación por “género u orientación sexual”.

Quedarían legitimados para iniciar acciones judiciales por discriminación: el Defensor del Pueblo, el INADI y todas las asociaciones que trabajan por los “derechos” de gays (sodomitas), lesbianas, travestis, transexuales y bisexuales.

De convertirse en ley podrían ser sancionados los padres que se opongan a que a su hijo le digan en el colegio que puede elegir su orientación sexual y que todas las opciones son igualmente válidas, los docentes que enseñen que el verdadero matrimonio tiene una estructura natural y que no es lo mismo casarse con una persona del mismo sexo que con una del sexo opuesto, las congregaciones religiosas que no admitan homosexuales, los colegios que no acepten travestis entre sus docentes o los centros de salud que no internen a los travestis y afines en el pabellón de mujeres, las organizaciones que recuperan homosexuales, etc.

También podrían ser sancionados quienes prediquen la doctrina de la Iglesia que en el Catecismo de la Iglesia Católica dice: “la Tradición declaró siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”, o bien quienes citen los versículos 26 y 27 del capítulo primero de la Carta a los Romanos, donde San Pablo dice: “Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío”.

Buenos Aires, 25 de agosto de 2010, AICA

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

miércoles, 18 de agosto de 2010

Texto de Chesterton: escrito para la Inglaterra del 20, aplicable a la Argentina actual

En esta ocasión comparto con ustedes un texto que me mandó un amigo por mail. Excelente.

Te mando un pequeño texto de Chesterton, del libro La Nueva Jerusalén (pág. 173), publicado por Agape.
"En nuestra patria, afables constitucionalistas discuten a menudo acerca de la posibilidad de lograr un método para proteger la minoría. Si lograran encontrar algún método plausible para proteger la mayoría, habrían encontrado algo prácticamente desconocido en el mundo moderno. La mayoría está siempre en desventaja; las mayorías son difíciles de idealizar porque son difíciles de imaginar. La minoría es generalmente idealizada, a veces por sus sirvientes, siempre por ellas mismas. Pero tengo que confesar que mis simpatías están, generalmente, con la impotente y hasta invisible mayoría. Y mis simpatías, cuando miro a cosas que están más allá de lo que creo, están con los pobres judíos que creen en el judaísmo y todos los mahometanos que creen en el mahometanismo, para no mencionar un grupo tan oscuro como los cristianos que realmente creen en el cristianismo. Siento que tengo más en común, moralmente y hasta intelectualmente, con esas personas, y hasta con la religión de esas personas, que con las desdeñosas negaciones que constituyen la mayor parte de lo que es llamado ilustración".
Como verás, si bien fue escrito para la Inglaterra de la década del 20, resulta plenamente aplicable a la Argentina actual.
Te mando un abrazo.
Gustavo

domingo, 15 de agosto de 2010

Otra opinión sobre el "matrimonio" homosexual

Este artículo lo escribió la esposa de un amigo, la Lic. Elena Perea Muñoz (h), y que él me envió por mail para compartirlo en el Blog. Me pareció interesante, de manera que lo comparto con ustedes y los invito a animarse y sumar sus opiniones y perspectivas.

Una opinión sobre el matrimonio gay


Ante todo, quiero aclarar que esta opinión no está relacionada con las personas gay, sólo con la idea de qué alcance puede tener el matrimonio como institución. No creo que nadie deba pedir permiso para opinar de la manera en que lo hace…. Pero, si ofendo a alguien, sepan que no es mi intención agredir y por lo tanto, pido de antemano perdón.
Personalmente creo que hoy llegamos a este punto porque, previamente, a lo largo de los últimos años se fue dando una desvalorización del matrimonio como institución… Y creo que aquí tenemos también una responsabilidad, la responsabilidad de darle a cada cosa el valor y el lugar que le corresponde.
Muchos de nosotros podemos pensar que, en última instancia a nosotros no nos afectará esta ley porque realmente seguimos pensando que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y pensamos obrar según esta máxima… pero la verdad es que éste es un cambio que da vuelta la sociedad y a la larga si nos va a afectar a nosotros y a nuestros hijos.
Cuando pienso en esta ley me viene a la cabeza la ley de divorcio y, recuerdo que en aquel entonces muchos pensaban que era un mal menor y no tenía consecuencias para los que pensaban casarse para siempre… pero hoy podemos ver cómo ese razonamiento resultó equivocado y el divorcio hizo estragos en la institución matrimonial, degradándola hasta el punto de que muchísima gente piensa hoy que el matrimonio es sólo un papel, algo simbólico y no el compromiso más radical que pueda realizar una persona, ya que es el único que implica:
1. La donación de toda la persona en toda su intimidad: el cuerpo, pues la promesa de fidelidad excluye el compartir la sexualidad con otro; y el alma, ya que el marco de la promesa de fidelidad es el amor y el respeto.
2. La co-posesión de todos sus bienes: nadie puede dudar del derecho de propiedad que tiene una persona sobre los bienes conseguidos con su trabajo. Mediante el matrimonio aceptamos que todo lo conseguido es fruto de los dos, sin distinción.
3. La perpetuación del nombre y la familia. Es la única institución capaz de resolver de manera completa el problema de la identidad.
Este compromiso único, total, tenía como único “mecanismo de seguridad” la reciprocidad, el hecho de que del otro lado, había un “otro” que se comprometía a lo mismo que yo y que lo único que podía liberarlo de su promesa era la muerte… era un juramento sagrado que sólo se disolvía con la muerte y, eso era lo que lo hacía tan firme, tan perdurable, tan capaz de resistir la adversidad.
Al admitir la disolubilidad del vínculo, le quitamos toda su fortaleza… porque le añadimos, a una promesa de por sí difícil, el ingrediente de la incertidumbre. La incertidumbre trajo la cautela, la cautela trajo la reserva, la reserva el individualismo y el individualismo hizo del matrimonio “post divorcio” una institución diferente… similar en lo exterior, pero diferente en su esencia: simplemente dejó de ser un juramento sagrado que sólo se disolvía con la muerte. Pasó a ser un contrato más o menos parecido a otro tipo de contratos o sociedades, siempre plausible de disolución por voluntad de las partes (o, en muchos casos de una sola de las partes).
Esa institución, que se fue devaluando poco a poco, está a punto de sufrir una nueva devaluación y esta vez una devaluación “asimétrica”. La simetría es por definición, la correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo. Pero, como podemos ver a simple vista, no hay correspondencia alguna entre la unión de varón y mujer y la unión de dos varones o la unión de dos mujeres…
Esta devaluación es, en realidad la muerte del matrimonio. En nuestra sociedad existirá una figura legal que llevará este nombre, pero esa realidad no se corresponde con la institución a la que tradicionalmente se llamó matrimonio. Es una resignificación del término, no una ampliación del mismo. Esta resignificación genera tanta confusión que hemos necesitado adjetivar el sustantivo matrimonio para poder entender a cuál de las instituciones nos estamos refiriendo. Por un lado está el “matrimonio gay”, con la pretensión de que todos los gatos son pardos y por otro el “matrimonio heterosexual” que ya no sabe cómo gritar que han confundido a la liebre con el gato.
El problema es que, mediante esta ley el Estado extiende sus brazos hasta el vapuleado matrimonio heterosexual y lo obliga a aceptar que, de ahora en adelante, acá no hay liebres, que todos son gatos y que, si le gusta bien y si no también.
¿No es espantoso que nos obliguen por ley a ser lo que no somos? Un gato es un gato y una liebre es una liebre. Vender gato por liebre es estafar. ¿No es aterrador que la ley nos estafe y nos obligue a no denunciar la estafa?
Lic. Elena Perea Muñoz (h)