jueves, 22 de julio de 2010

La malicia de una ley de "Uniones civiles" homosexuales y las exigencias del amor

Un artículo escrito por un sacerdote amigo, el padre Xavier Rickeboeur

El Viernes, 09 de julio de 2010 a las 23:29

Algunos consideran que es una buena cosa inventar un régimen de uniones civiles que admita parejas homosexuales, y que evite algunos de los aspectos más urticantes de la ley de matrimonio hetero/homogámico, como podrían ser: la adopción conjunta, la fecundación in vitro, el uso del nombre matrimonio", etc.
Los motivos que se arguyen son variados: hay que contemplar una situación que se da en la sociedad, hay que asegurarles derechos previsionales, gananciales y hereditarios a las parejas que no encuadran en un matrimonio, etc. Hasta he encontrado alguna apelación al modo en que Jesús nos enseño a tratar con amor al prójimo.

¿Qué decir de la ley de uniones civiles?
Ante todo recordar cuál es el fin de la ley positiva. El ordenamiento de la vida social conforme a la razón y en orden al bien común. Es decir, tiene que tener una conexión intrínseca con la verdad objetiva -que no es lo mismo que la opinión dominante- y con el bien de la sociedad en su conjunto.
Es decir que una ley que manda o solamente permite comportamientos contrarios a la verdad de la naturaleza humana y nocivos al bien común de la sociedad, es una ley mala, inicua, una ley que es NO-LEY.
Si la ley debiera limitarse a reflejar y codificar lo que se da en la sociedad, como piensa el derecho posmoderno, pues imagínense cuántas barbaridades habría que amparar legalmente: habiendo tanto adulterio en la sociedad, habría que pensar en una ley que ampare y regule los adulterios; y así siguiendo.
Esta conexión necesaria de la ley con la verdad y el bien, hace que el ciudadano tienda a presumir que lo que la ley permite es bueno.
Una ley que ampare como realidad jurídica que dos personas del mismo sexo cohabiten sexualmente, se llame "matrimonio" o se llame "unión civil", es una ley que ampara y legitima conductas gravemente desordenadas y lesivas para el bien común.
Lo cual es justamente el gran objetivo de los que buscan afanosamente la sanción de esta nueva ley de matrimonios: legitimación social de las conductas homosexuales. No les interesa propiamente lo previsional, tampoco el tema de las herencias, tampoco tienen un mayor interés por adoptar niños. Quieren matrimonio con todas estas cosas, con el mismo nombre y prestigio, con todas las prerrogativas que tiene el matrimonio homosexual; quieren legitimación plena. Por eso se quejan que las uniones civiles son discriminatorias, aún si les solucionasen las aspiraciones previsionales o patrimoniales.
No obstante la insatisfacción y las quejas que tienen por la ley de uniones civiles, con ella logran lo esencial: la ley -y con ello, la nación- les reconoce que la vida homosexual es un comportamiento legítimo y enriquecedor para la sociedad. Y esto nunca se puede conceder, ni aprobar, ni apoyar.

¿Pero no sería un mal menor aprobarla ante el riesgo del matrimonio homogámico?
El mal menor, antes que ser menor es un mal. Y nunca es lícito impulsar un mal para obtener un bien. El fin no justifica los medios.
Si ya existiera una ley de homomonio, un legislador podría proponer que la sustituyan por una de uniones civiles, porque con ello estaría disminuyendo la malicia del sistema jurídico. Pero nunca la puede proponer en sí, porque sería hacer un mal.

¿Y qué hay de los derechos previsionales, o patrimoniales, o hereditarios que los matrimonios tienes, y las parejas homosexuales no?
En primer lugar, por algo los primeros los tienen y los segundos no. Porque la familia es algo ordenado y digno de ser promovido y favorecido a través de un cúmulo de beneficios; y las convivencias homosexuales no: ¿o alguien en su sano juicio cree convenga al bien común promover y favorecer la consolidación de las parejas homosexuales?
Pero supongamos que se viera conveniente ampliar las asignaciones previsionales o hereditarias, para contemplar situaciones no previstas en el actual ordenamiento. Pues bastaría cambiar las leyes que las regulan, no inventar una figura jurídica que legitima graves desordenes. Y si se modificaran estas leyes previsionales, hereditarias, etc., no deberían tener ninguna vinculación con la cohabitación sexual. Sería, sí, discriminatorio que Alex pueda incluir a José en su obra social solamente porque cohabita sexualmente con él, y que yo no pueda extender mi obra social a mi antigua niñera con quien -ciertamente- no cohabito. ¿O acaso alguien puede decir que la profundidad de mi amor por ella, es menor y menos legítimo que el amor que Alex siente por José?

¿Qué nos pide la caridad y la justicia que Jesús nos enseño a tener con los demás?
Que los amemos. Y amar es querer el bien del otro. Amar implica un compromiso y una fidelidad a la verdad y al bien objetivo del prójimo.
Por eso Jesús amaba -hasta derramar su sangre- al pecador pero odiaba profundamente su pecado. Y eso le llevaba a procurar afanosamente, con infinita paciencia y delicadeza, que el pecador abandone su pecado, que el errado se corrija. De no haber sido así, hubiera sido cómplice del pecado de los hombres y no su redentor.
Legitimar las conductas homosexuales, instituir figuras jurídicas que legitimen y otorguen derechos a las cohabitaciones homosexuales, es una grave falta de justicia y de caridad contra las personas de opción homosexual. Porque las alienta cómplicemente a perseverar en su desorden, en su mal; ayuda a confundirlas más; les hace más difícil emprender el camino liberador que las lleve a vivir conforme a su inmensa dignidad de personas humanas -y de redimidos por Cristo-.
Amar a los a homosexuales hasta dar la vida por ellos, debe llevarnos a una firme decisión de rechazar tanto la ley de matrimonio homogámico como la de uniones civiles.

9 comentarios:

  1. Les dejo algo para seguir pensando. Creo muchísimo en Cristo y cada vez más convencido de que la Iglesia poco tiene que ver con su planteo del Reino de Dios. Me ha llegado esto desde otro blog...muy interesante por cierto!

    Hacen bien. Hay que impedir eso que los perversos llaman matrimonio igualitario, en su absurda pretensión de igualdad ante la ley. El único modelo de familia es la familia cristiana. Una familia con una mamá y con un papá. La Virgen y San José. Eso es lo mejor para los niños. Los niños pueden entenderlo. Claro, pero esa mamá tuvo un hijo con otro, no con su marido, ¿eso no es pecado? ¿no es adulterio? Eso es lo que dice el catecismo. No, porque el otro era Dios. ¿Dios? ¿Dios, metiéndose entre un hombre y su legítima mujer? No, pero el hombre estaba de acuerdo, era como un menage a trois. Ahora, su mujer era virgen, o sea que el matrimonio, como dicen los cristianos, no se había consumado, ni se consumó nunca, porque ella, según la iglesia, murió virgen. Eso está bien, ¿o no? Es el ejemplo de la madre de Jesús y de su… bueno, ¿apropiador? No, padre adoptivo. Lo adoptó porque Dios no podía criarlo. Estaba ocupado y no tenía mujer. ¿No tenía mujer? ¿Y la virgen? No, la virgen era la mujer de San José. Además, el que la fecundó no era Dios, sino el Espíritu Santo. ¿Pero no eran lo mismo? No, bueno, no sé, más o menos. Bueno, como el hijo. ¿Cómo, como el hijo? Y, sí, el hijo también era la misma persona que el Espíritu Santo y que Dios padre. ¿El hijo era su propio padre? Y, sí, o más o menos. ¿Jesús era su propio suegro? ¿Dios es su propio hijo? ¿Quién es el cuñado? Demasiadas preguntas. Tienen razón. ¿Cómo explicarles a los niños que dos personas del mismo sexo pueden casarse? No podrían entenderlo.

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  2. Esto salió en Centro Nueva Tierra...y podemos seguir encontrando cositas...Perdón a los seguidores de este Blog, pero me parece interesante abrir el debate. Espero no moleste.

    Por Ezequiel Silva (1ra. Parte)

    En los últimos tiempos han circulado muchas opiniones sobre esta cuestión que enunciamos como título. ¿Qué significa ser cristiano? ¿Qué implica y qué excluye? ¿Cuál es el alcance normativo de la Biblia y en qué medida afecta la mirada cristiana de la homosexualidad? Va un punteo para el debate.

    1. “Ser cristiano” es más que creer en Jesús como el Cristo de Dios. Desde una perspectiva bíblica habría que traducir el creer por el seguir. Creer en Jesús es seguirlo, y es un dato de la realidad que hay varios modos de hacerlo. Por tanto la mera confesión al decir “creo que Jesús es el Cristo, Hijo de Dios” dice poco. Se necesita explicitar precomprensiones sobre Cristo y sobre el Hijo de Dios. Y eso es objeto de interpretación y disputa histórica. Por tanto, como sucede casi en todos los temas, ¿quién/es y en virtud de qué/quién/es puede afirmar taxativamente y con ultimidad un juicio sobre la homosexualidad en nombre del “ser cristiano”? Habrá que aclarar estas precomprensiones mencionadas para ubicar el discurso, captar su impostación…

    2. La visión de la Biblia como “manual” a modo de respuestas para preguntas que nos plantea la existencia del ser humano contemporáneo en sociedades democráticas es infantilizante. La Biblia es primero la narración y luego la puesta por escrito de una experiencia liberadora: el Dios que sale al encuentro del hombre para la plenitud de su vida y felicidad. Lo que teológicamente llamamos salvación. Esa es LA clave para interpretar la Biblia. Desde el deseo de Dios de compartir la felicidad con sus criaturas. Esto vale desde el Antiguo Testamento y toma carnadura histórica profunda en Jesús de Nazaret, en el Nuevo Testamento. ¿Desde qué perspectiva interpretan o leen las sagradas escrituras los cristianismos que ponen argumentos condenatorios para la homosexualidad?

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  3. (2da. Parte)

    3. La Biblia, por tanto, parece no ser tan clara en realidad. Por una parte no se puede leer y reproducir literalmente, eso sería fundamentalismo (que lo hay, lo hay). Estamos invitados a interpretarla. Por otra parte, de hecho se han producido diversas interpretaciones que han devenido en la conformación de confesiones cristianas o Iglesias diversas... y divididas ¡y hasta peleadas! Por tanto si hay algo evidente es que la Biblia no es evidente de por sí y mucho menos un manual. ¿Qué intereses hay por detrás o por delante o a los lados de determinadas interpretaciones de la Biblia?

    4. Hay dos textos “clásicos” que suelen reproducirse en contra de la homosexualidad. El primero es Romanos 1, 27: “Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío”. La lectura que suele hacerse de este pasaje es bien sesgada. Primero, recordamos que todo texto hay que leerlo en contexto. En este caso el contexto previo y el que le sigue (es una unidad literaria que bien podría enmarcarse entre Rom 1,18 y 1,32) tiene como objetivo fundamental indicar que todos los hombres, sin excepción están bajo la ira de Dios en virtud del pecado. Es lo que se llama la universalidad del pecado. Pero por supuesto que a esta universalidad del pecado Pablo la pone al principio de la carta a los Romanos para indicar algo que le sigue y en función de lo cual la coloca en ese lugar: ¡La universalidad de la salvación! Aparecen otras categorías de pecados en el texto: los desleales, los rebeldes a sus padres, los detractores, y muchos más. A todos ellos, y a otros también, según Pablo Dios los declara “dignos de muerte” (Rom 1, 32). Pero lo importante no es el detalle de la lista de pecados, sino el sentido este de que todos los hombres están afectados por el pecado: TODOS/AS. Sin embargo, como observamos antes, tampoco ese es el dato fundamental. Ese dato es el sustrato existencial/antropológico/creacional que da sentido al dato teológico que se anuncia en Romanos: la UNIVERSALIDAD (PARA TODOS/AS) de la salvación, sobre todo a partir de Rom 3, 21. Ese es el centro del mensaje de Romanos. Que la salvación es para todos, viene por Jesucristo y se da en la fe en él. Punto. El resto corre por cuenta de lecturas literalistas y/o escrupulosas.

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  4. (3ra. Parte)

    5. El segundo texto es 1 Cor 6,9: “¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos”. Luego sigue el texto “ni los ladrones, ni los avaros”, y un largo etcétera. Este versículo bíblico suele citarse suelto también, desgarrado del contexto. El texto completo sigue así (versículo 11 sobre todo), luego de la lista continúa de este modo: “algunos de ustedes fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios”. Lo fundamental de esa lista de “pecadores” no es tanto el tipo de pecados y el detalle de los mismos que han cometido. Ellos son más bien, una paráfrasis de “los injustos” (recordar la pregunta que abre el texto: el versículo 9). El texto termina diciendo que Dios a los injustos los santificó; “los justificó” dice, los hizo justos. Eso es lo central del texto. La misericordia de Dios que hace justifica, que salva.

    La Biblia no es ni un manual de cosmología (la teoría del big bang deslegitimó la creación en 6 días), ni de antropología (sabemos que no hubo una única pareja primordial llamados Adán y Eva ni que su origen fue el barro), ni nada por el estilo. Es un libro religioso que no puede utilizarse al pie de la letra para rebatir argumentos propios del campo de la psicología y la sexualidad, campos del conocimiento en los que hemos avanzado muchísimo en estos últimos 2000 años.

    No se puede, entonces, interpretar literalmente la Biblia, sino ¿cómo explicar “si tu mano derecha es ocasión de pecado córtatela y arrójala de ti” (Mt 5, 30)? ¿Y acaso la permisión de Dios a Abraham a tener un hijo con su esclava puede leerse como una legitimación y ponderación positiva de los hijos extramaritales? ¿O de la infidelidad consentida?

    Del mismo modo es importante encarnar la discusión, historizarla corriéndola de la abstracción. Es decir, la HOMOSEXUALIDAD no existe. Existen PERSONAS homosexuales en tal caso. Una mirada cristiana está desafiada a tener una perspectiva desde la persona. Y por último, como ampliación de la cuestión de la perspectiva, se trata de un tema que toca las relaciones Religión/Estado o Iglesia(s)/Estado. Por lo tanto hay que ir de una perspectiva de persona a otra de ciudadano. Las políticas públicas no pueden legitimarse en convicciones religiosas sino desde la razón y en perspectiva de derechos humanos.

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  5. Anónimo: Realmente muy interesante el artículo. A mi parecer tiene algunos "errores". El matrimonio cristiano no es el único modelo de familia. A mi parecer es el mejor, por eso lo elijo, pero no es el único. De hecho, el día de la marcha frente al congreso no eran sólo cristianos lo que se manifestaban. Y eso, creo, es porque el rechazo al "supuesto matrimonio igualitario" es una cuestión de derecho natural, más allá de creencias religiosas.
    Respecto al caso de la Santísima Virgen, San José, Dios y Jesús hay unos cuantos errores teológicos (que el autor del artículo no tiene por qué saber, ya que asumo que no habrá estudiado teología). Sólo voy a poner algunos (los más groseros) como ejemplo, porque ponerlos todos me llevaría demasiados comentarios y creo que de todos modos se va a entender mi punto.
    Primero, las mujeres judías de la época permanecían vírgenes, no sólo por guardar la castidad hasta el matrimonio, sino que algunas además lo hacían esperando ser las elegidas del Señor (ya que en el Antiguo Testamento, o la Toráh, como la llaman los judíos está lleno de profecías acerca del Mesías que nacería de una virgen). Con lo cual, es cierto, la Virgen no estaba casada sino "comprometida", con lo cual no hubo ni adulterio, ni disolución del matrimonio, ni menage a trois, ni nada que se le parezca. En cuanto a la virginidad de la virgen habría que aclarar dos cosas. En cuanto a la virginidad antes del matrimonio, queda claro que era virgen ya que el mismo texto bíblico nos cuenta que al enterarse San José que estaba embarazada, la abandonó en secreto para que no la maten a pedradas (esa era la pena de muerte de la época para las mujeres adúlteras). Con lo cual queda claro que San José no había tenido relaciones con ella y por eso pensó que le había sido infiel. Hasta que un ángel le dijo que no tema en tomar a María como su esposa porque el hijo que esperaba era Hijo de Dios, que había concebido por obra del Espíritu Santo.

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  6. En cuanto a la virginidad de María luego de Jesús, no es algo que alguien pueda aceptar sin fe. Aunque, claro está, que mucho de lo mencionado anteriormente tampoco puede ser comprendido sin la fe.
    En cuanto a José, sí era el padre adoptivo de Jesús. Aunque no porque Dios no pudiese hacerse cargo.
    Después hay una confusión enoooorme en cuanto a la Trinidad. Dice que Jesús, el Padre y el Espíritu Santo son la misma persona. Bien... trataré de ser lo más claro posible. Claro está que no voy a "explicar o demostrar" el Misterio de la Santísima Trinidad, pero trataré de que se entienda como una cosa puede ser una y tres al mismo tiempo. Lo correcto sería decir que Dios es "un solo Dios en tres personas realmente distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo"; es decir, una sola naturaleza (divina), pero en tres personas distintas. Los padres de la iglesia lo explicaban poniendo el ejemplo de un triángulo que es una sola figura geométrica, pero tiene tres vértices distintos. O también con tres velas encendidas, separadas, de tal modo que cada una tuviese su llama. Se ve claramente que son tres. Pero luego las unían en las mechas y tenían tres velas realmente distintas, pero una sola llama.
    Con estos ejemplos (que son lo que yo uso para explicarles a los chicos la Trinidad) los niños entienden que "de algún modo" esto puede ser de alguna manera, aunque no lo entiendan del todo. Sin embargo, los chicos (ni los grandes tampoco) pueden entender que de la unión de dos personas del mismo sexo se pueda generar vida. Y si el matrimonio es la consumación y expresión de un amor fecundo, una pareja del mismo sexo nunca puede ser considerado "matrimonio", por eso se rechazaba el nombre de matrimonio para las uniones homosexuales y se proponía el "homomonio", para mostrar la diferencia de lo que, en concreto e irrefutablemente, es diferente.

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  7. En cuanto al artículo del Ezequiel Silva, es un poco más acertado en algunos puntos como el decir que la Sagrada Escritura es el darse a conocer de Dios al hombre, que creer en Cristo es seguirlo, etc.
    En el primer texto que cita, el de Romanos 1, 27, acierta en que el mensaje de Pablo es "el LLAMADO a la Salvación para todos", incluidos los homosexuales. Y que la homosexualidad está dentro de otros tantos pecados enunciados. Pero erra en la palabrita que omitió y que yo agregué en mayúsculas: LLAMADO a la Salvación. Porque que haya otros pecados enunciados, no significa que la homosexualidad consumada no lo sea. Y por lo tanto, necesita de conversión para alcanzar la Salvación.
    Cito del artículo: "Ese es el centro del mensaje de Romanos. Que la salvación es para todos, viene por Jesucristo y se da en la fe en él". Es cierto. Pero esta Salvación para todos, que se da por la fe en Jesucristo, es una fe viva que se demuestra con las obras, pues como dice Santiago en su carta: "Tu muestrame tu fe sin obras, que yo por medio de mis obras te demostraré mi fe" (entre muchos textos que podemos citar para mostrar que la fe que salva es una fe viva, que se ve en las obras). Hasta Cristo lo deja en claro cuando dice: "No todo el que diga "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos". Por tanto, tanto los homosexuales como "los desleales, los rebeldes a sus padres, los detractores, y muchos más", y demás faltas enunciadas en la carta, NECESITAN la conversión para alcanzar la Salvación.
    Eso no quiere decir que nos salvemos por nuestras obras. El que sigue salvando es Jesucristo, que con su gracia por medio del Espíritu Santo, nos SALVA REALMENTE, cambiándonos, santificándonos REALMENTE. Porque si no, si Jesús nos salvase sin necesidad de cambio REAL en nosotros, sólo con una fe que no necesita ser obrada, deberíamos sostener (junto a los protestantes) que la justificación y santificación que Cristo obra en nosotros es solo NOMINAL, es decir, nos nombra santos, justos, pero nosotros seguimos igual que antes. La VERDADERA SALVACIÓN, supone que Cristo nos justifique y nos santifique REALMENTE, lo que supone un cambio en nosotros, cambio que supone abandonar el pecado (despojarse del hombre viejo para revestirse del hombre nuevo).
    Con lo cual, esta Salvación que es PARA TODOS, supone dicha conversión. En el caso de los homosexuales, abandonando su desorden, tanto como yo deba despojarme de mi soberbia, avaricia u otros tantos pecados que necesitan que deje actuar a Cristo en mi vida para que me convierta, me santifique y me salve REALMENTE.

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  8. En cuanto al texto de Corintios 6, 9, en su primer párrafo, corre lo mismo que dije anteriormente sobre el texto anterior. Como bien dice el comentario, “lo central es la Misericordia de Dios que justifica, que salva”. Es cierto, pero hay que aclarar que nos justifica (nos hace justos) REALMENTE. Cristo obra ese cambio en nosotros. Nos saca del pecado y nos lleva a la vida de la gracia, quita el pecado para que viva en nosotros el Espíritu Santo. Si no lo hiciese, sería lo mismo un santo que un pecador. Dios quiere salvar a los dos, obvio. Pero el santo es aquel que se dejó guiar por el Espíritu y dejó que Dios obre en él, que lo justifique, que lo salve. Si no, ¿para qué nos confesamos? Si tenemos fe, la fe nos justifica (nominalmente), no hace falta confesarse ni hacer el bien.
    Creo que queda claro mi punto. No me extiendo más en esto para no cansar.
    Es cierto que la Biblia no es un manual de cosmología ni de antropología, pero hay que recordar que la teoría del Big Bang es precisamente eso, una TEORIA. Tengo que poner tanta fe en eso (que tampoco es demostrable) como en la Sagrada Escritura. Y por otro lado, es cierto que el hombre no fue hecho con barro, o que se llamasen realmente Adán y Eva, pero el hecho de que hayan sido una única pareja, eso sí que podemos discutirlo un rato largo.
    Coincidimos en que no hay que hacer lecturas “literales” de la Biblia en donde no hay que hacerlo. De los sentidos de la Sagrada Escritura hay documentos muy piolas que muestran los dos sentidos (espiritual y literal) y cómo deben complementarse en su lectura. Eso no significa que haya datos concretos que haya que entender tal como son dichos. El polo opuesto de la lectura literalista de todo, sería la lectura espiritualista de todo, vaciando de contenido el texto.
    Lo más interesante me pareció el último párrafo, donde habla de la perspectiva cristiana desde la persona, ya que no existe la homosexualidad sino las personas homosexuales. Sobre eso creo que está bien claro en el artículo original donde dice que “amar es querer el bien del otro. Amar implica un compromiso y una fidelidad a la verdad y al bien objetivo del prójimo. Por eso Jesús amaba -hasta derramar su sangre- al pecador pero odiaba profundamente su pecado. Y eso le llevaba a procurar afanosamente, con infinita paciencia y delicadeza, que el pecador abandone su pecado, que el errado se corrija”. Esa creo es la verdadera perspectiva cristiana.
    Y lo siguiente que dice referido a la relación Iglesia / Estado, si bien en algunos aspectos deben permanecer diferenciados (no separados), lo cierto es que ambos deberían buscar el BIEN de las personas (o ciudadanos, como quieran decirle, puesto que esos ciudadanos son personas). Y no es legitimar políticas públicas desde la religión, sino (sobre todo en este caso) desde la razón, puesto que en este caso (reiteramos) más allá de las convicciones religiosas, es un tema de derecho natural al que puede acceder con la sola razón.
    Bueno amigo, espero haber sumado algo a la reflexión que proponés sobre el tema. La próxima vez espero firmes los comentarios así te puedo contestar por tu nombre y no poner un frío “anónimo”. Te mando un abrazo y MUCHAS GRACIAS por comentar y sumarte al Blog.

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