jueves, 29 de julio de 2010

Un ejemplo de sacerdote llega al cine

Subo unos Trailers sobre una película centrada en la vida de un sacerdote contemporáneo que falleció hace poco. La película de llama "La última cima". Esperemos que llegue a Argentina. Espero comentarios y datos que conozcan o puedan averiguar de la vida de este ejemplo de sacerdote. Abrazo



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Espero sus comentarios y colaboraciones. Un abrazo en Cristo

viernes, 23 de julio de 2010

Comentario a la nota del diario La Nación titulada "Las noches romanas de los curas homosexuales"
La revista Panorama publicó una investigación en la que muestra a varios sacerdotes que frecuentan el circuito nocturno gay de la capital italiana; la respuesta de la Iglesia


La nota relata la investigación de un cronista de la revista que se infiltró en la noche romana y descubrió la presencia de varios sacerdotes en fiestas nocturnas con acompañantes de sexo masculino (investigación respaldada con cámaras ocultas).

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Entre las tantas cosas que se pueden decir sobre el tema, voy a centrarme esta vez en sólo 3 puntos:

1) La necesidad de coherencia.
Incoherencia 1: Porque vamos a suponer que "respetamos" las elecciones de todos, incluso que las "respetamos" en el sentido postmoderno de hoy en día (que significa que cada uno haga lo que se le da la gana, total a mí no me importa). ¿No deberíamos al menos exigirles coherencia? Digo: si alguien hace opción por la homosexualidad, ¿qué hace formando parte de una institución que la condena como un desorden contrario a la ley natural y la ley de Dios? ¿No debería separarse de la misma?
Incoherencia 2: Si la Iglesia condena este tipo de conductas, ¿no debería hacerse un trabajo de prevención desde la formación en los seminarios y de acompañamiento de los sacerdotes, para evitar encontrarse con el problema cuando explota?
Incoherencia 3: Muchos de los que se rasgan las vestiduras con este tipo de noticias y condenan a la Iglesia por esto, ¿no son los mismos que, en otras circunstancias, defienden la homosexualidad y no dudan en tildar a la Iglesia de retrógrada por considerarla un desorden? Si la homosexualidad es una opción tan válida como la heterosexualidad, ¿por qué ahora condenan a la Iglesia por esto? ¿No es que la homosexualidad estaba bien? ¿Qué falta hay en estos sacerdotes entonces?
Incoherencia 4: La nuestra. La de cada uno de nosotros. Porque el ministerio de cada uno de estos hombres está, en parte, en manos de nuestra oración. No niego la responsabilidad personal de cada uno de ellos, pero, ¿hemos rezado nosotros por los sacerdotes, para que Dios los sostenga en su ministerio, los haga cada día más santos y los proteja de este tipo de caídas que tanto mal le hacen a la Iglesia? Nosotros no somos espectadores del problema, somos parte del problema. Cuando leo este tipo de noticias y digo: "¡Qué desastre!", debería decirmelo a mí también por no haber rezado más, haber ofrecido más sacrificios y haber ofrecido más obras de caridad por estos sacerdotes que entregaron su vida a Cristo y a la Iglesia (y por ende, a nosotros).


2) Necesidad de testimonio
Es necesario en estos tiempos (en realidad, en todos, pero a nosotros nos toca este) el testimonio de santos hombres y mujeres que nos recuerden el llamado que todos tenemos a la santidad, que sean un espejo de Cristo en el mundo de hoy. Y esto corre para los sacerdotes (que deberían ser imagen de Cristo y no ocasión de escándalo), pero también para nosotros los laicos. Deberíamos lograr que por cada mal ejemplo de estos, haya miles de buenos ejemplos. Y, en realidad, no dudo de que los haya, pero deberíamos salir un poco más, mostrarlo. No por vanagloria (que sería todo lo contrario a los que Cristo nos pide) sino por caridad, para señalar un camino, para combatir la desesperanza, para erradicar de nuestros jóvenes la nefasta idea de que "no se puede ser santo en el mundo de hoy" o que es algo para "curas y monjas". Una misma cosa puede estar hecha materialmente igual, pero con distinto espíritu. Hagamos el bien y que se note, no por soberbia sino por amor al prójimo; no para enaltecernos sino para dar gloria a Dios, para demostrar que Dios sigue actuando hoy en día, que se puede, que no todo está perdido.

3) Recordar la doble condición de nuestra Madre, la Iglesia
Recordemos que, en cuanto fundada por Cristo, en cuanto comunión de los redimidos por Cristo, la Iglesia es SANTA. Pero en cuanto a sus miembros, cada uno de nosotros, la Iglesia es PECADORA. Por tanto, tengamos FE y ESPERANZA en esta Santa Iglesia que Dios nos regaló y tengamos CARIDAD para con nuestros hermanos que comparten nuestra condición de pecadores. Ayudando (si tenemos la posibilidad de hacerlo de modo más directo) o rezando por ellos (si es una realidad más lejana) es lo que nos exige la verdadera caridad cristiana.


Espero sus comentarios y (ojalá) un aumento en sus oraciones por los sacerdotes.
Un abrazo en Cristo. Diego


jueves, 22 de julio de 2010

La malicia de una ley de "Uniones civiles" homosexuales y las exigencias del amor

Un artículo escrito por un sacerdote amigo, el padre Xavier Rickeboeur

El Viernes, 09 de julio de 2010 a las 23:29

Algunos consideran que es una buena cosa inventar un régimen de uniones civiles que admita parejas homosexuales, y que evite algunos de los aspectos más urticantes de la ley de matrimonio hetero/homogámico, como podrían ser: la adopción conjunta, la fecundación in vitro, el uso del nombre matrimonio", etc.
Los motivos que se arguyen son variados: hay que contemplar una situación que se da en la sociedad, hay que asegurarles derechos previsionales, gananciales y hereditarios a las parejas que no encuadran en un matrimonio, etc. Hasta he encontrado alguna apelación al modo en que Jesús nos enseño a tratar con amor al prójimo.

¿Qué decir de la ley de uniones civiles?
Ante todo recordar cuál es el fin de la ley positiva. El ordenamiento de la vida social conforme a la razón y en orden al bien común. Es decir, tiene que tener una conexión intrínseca con la verdad objetiva -que no es lo mismo que la opinión dominante- y con el bien de la sociedad en su conjunto.
Es decir que una ley que manda o solamente permite comportamientos contrarios a la verdad de la naturaleza humana y nocivos al bien común de la sociedad, es una ley mala, inicua, una ley que es NO-LEY.
Si la ley debiera limitarse a reflejar y codificar lo que se da en la sociedad, como piensa el derecho posmoderno, pues imagínense cuántas barbaridades habría que amparar legalmente: habiendo tanto adulterio en la sociedad, habría que pensar en una ley que ampare y regule los adulterios; y así siguiendo.
Esta conexión necesaria de la ley con la verdad y el bien, hace que el ciudadano tienda a presumir que lo que la ley permite es bueno.
Una ley que ampare como realidad jurídica que dos personas del mismo sexo cohabiten sexualmente, se llame "matrimonio" o se llame "unión civil", es una ley que ampara y legitima conductas gravemente desordenadas y lesivas para el bien común.
Lo cual es justamente el gran objetivo de los que buscan afanosamente la sanción de esta nueva ley de matrimonios: legitimación social de las conductas homosexuales. No les interesa propiamente lo previsional, tampoco el tema de las herencias, tampoco tienen un mayor interés por adoptar niños. Quieren matrimonio con todas estas cosas, con el mismo nombre y prestigio, con todas las prerrogativas que tiene el matrimonio homosexual; quieren legitimación plena. Por eso se quejan que las uniones civiles son discriminatorias, aún si les solucionasen las aspiraciones previsionales o patrimoniales.
No obstante la insatisfacción y las quejas que tienen por la ley de uniones civiles, con ella logran lo esencial: la ley -y con ello, la nación- les reconoce que la vida homosexual es un comportamiento legítimo y enriquecedor para la sociedad. Y esto nunca se puede conceder, ni aprobar, ni apoyar.

¿Pero no sería un mal menor aprobarla ante el riesgo del matrimonio homogámico?
El mal menor, antes que ser menor es un mal. Y nunca es lícito impulsar un mal para obtener un bien. El fin no justifica los medios.
Si ya existiera una ley de homomonio, un legislador podría proponer que la sustituyan por una de uniones civiles, porque con ello estaría disminuyendo la malicia del sistema jurídico. Pero nunca la puede proponer en sí, porque sería hacer un mal.

¿Y qué hay de los derechos previsionales, o patrimoniales, o hereditarios que los matrimonios tienes, y las parejas homosexuales no?
En primer lugar, por algo los primeros los tienen y los segundos no. Porque la familia es algo ordenado y digno de ser promovido y favorecido a través de un cúmulo de beneficios; y las convivencias homosexuales no: ¿o alguien en su sano juicio cree convenga al bien común promover y favorecer la consolidación de las parejas homosexuales?
Pero supongamos que se viera conveniente ampliar las asignaciones previsionales o hereditarias, para contemplar situaciones no previstas en el actual ordenamiento. Pues bastaría cambiar las leyes que las regulan, no inventar una figura jurídica que legitima graves desordenes. Y si se modificaran estas leyes previsionales, hereditarias, etc., no deberían tener ninguna vinculación con la cohabitación sexual. Sería, sí, discriminatorio que Alex pueda incluir a José en su obra social solamente porque cohabita sexualmente con él, y que yo no pueda extender mi obra social a mi antigua niñera con quien -ciertamente- no cohabito. ¿O acaso alguien puede decir que la profundidad de mi amor por ella, es menor y menos legítimo que el amor que Alex siente por José?

¿Qué nos pide la caridad y la justicia que Jesús nos enseño a tener con los demás?
Que los amemos. Y amar es querer el bien del otro. Amar implica un compromiso y una fidelidad a la verdad y al bien objetivo del prójimo.
Por eso Jesús amaba -hasta derramar su sangre- al pecador pero odiaba profundamente su pecado. Y eso le llevaba a procurar afanosamente, con infinita paciencia y delicadeza, que el pecador abandone su pecado, que el errado se corrija. De no haber sido así, hubiera sido cómplice del pecado de los hombres y no su redentor.
Legitimar las conductas homosexuales, instituir figuras jurídicas que legitimen y otorguen derechos a las cohabitaciones homosexuales, es una grave falta de justicia y de caridad contra las personas de opción homosexual. Porque las alienta cómplicemente a perseverar en su desorden, en su mal; ayuda a confundirlas más; les hace más difícil emprender el camino liberador que las lleve a vivir conforme a su inmensa dignidad de personas humanas -y de redimidos por Cristo-.
Amar a los a homosexuales hasta dar la vida por ellos, debe llevarnos a una firme decisión de rechazar tanto la ley de matrimonio homogámico como la de uniones civiles.

Presentación y Bienvenida


Para quienes no me conozcan, soy Diego Feijóo, catequista y teólogo (aunque me faltan rendir algunos finales para recibirme de Bachiller-Profesor de Teología). Soy casado y tengo 2 hijos.
La razón que me movió a abrir el blog fue la necesidad de alzar la voz, de dar testimonio de la vida en Cristo, de hacer "Cyber-Apostolado" y crear un espacio donde otros también puedan hacerlo. Debo reconocer que la idea empezó a correr por mi cabeza luego de la marcha frente al congreso donde se pidió por la familia y para que no se apruebe la ley de matrimonio homosexual. Me pareció que estábamos haciendo algo que del otro lado ya venían haciendo desde hace mucho tiempo. El secreto de su éxito creo que estuvo en que fueron minando la opinión pública, cada uno, defendiendo lo que pensaban, en cada momento, con cada persona, convenciendo uno a uno. De hecho, conozco a muchos que, dentro de la Iglesia, se compraron el discurso de la igualdad y los apoyaron.
Y pensé: "Si hay gente, incluso heterosexual, que cree que es lo mismo el matrimonio heterosexual que la unión homosexual, es porque "claramente" nosotros no supimos descubrir, transmitir y hacer ver el valor agregado que tiene la unión en la complementariedad de la diferencia del hombre y la mujer". Y eso es algo que se hace cada día.
Por eso decidí abrir este blog. Para que, cada día, este sea un espacio en el que yo o cualquier otro que escriba aquí, pueda dejar un testimonio de la vida cristiana que nosotros conocemos pero que seguramente otros tantos no conocen. E incluso para hacer apostolado entre nosotros. Porque tal vez, Dios me haya mostrado algo que otro todavía no descubrió y sea yo el encargado de dárselo a conocer. O, lo que es más probable todavía, que otro haya descubierto algo que yo todavía no y me ayude a descubrirlo.
Espero, más allá de admirar a San Juan Bautista y de tratar de imitarlo, no ser "una voz en el desierto" de internet que nadie escuche, sino que mi testimonio le pueda servir a alguien. Seguramente, lo más valioso de este Blog sea el servir de inspiración a otros tantos santos hombres y mujeres para que, de esta manera u otra, se lancen a dar testimonio con más decisión y valentía. A pesar de lo que muchos piensan, hay muchos grandes ejemplos y testimonios de Cristo en el mundo de hoy. Sólo falta que se hagan escuchar más. Y si, como yo, creen que no son un ejemplo de nada, busquen y verán que tienen muchas cosas valiosas por compartir. Tal vez ese sea el problema. Estamos esperando un gran santo que dé testimonio. O esperamos nosotros ser santos para darlo. Pero no nos damos cuenta que para llegar a serlo, primero debemos dar esos pequeños pasos antes. Y si no, al menos, sumando nuestros pequeños testimonios, también podemos dar una gran imagen de la vida en Cristo que buscamos y vivimos.
Espero no haberlos aburrido ya en la primera vez que escribo. Les doy la bienvenida a todos los que quieran participar del Blog.
Un abrazo en Cristo. Diego