miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una historia inspiradora

Historia conmovedora, un ejemplo del amor de un padre hacia un hijo, que nos demuestra que dar la vida por alguien no implica necesariamente morir (físicamente) sino morir a uno mismo por otro. Un padre que le escribe a Dick Hoyt lo dice con claridad: "ayer empecé a dejar de ser yo y empecé a ser el padre de mi hijo".


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domingo, 28 de noviembre de 2010

CUANDO DIOS QUIERE...

Una señora muy pobre llamó a un programa cristiano de radio pidiendo ayuda.

El mismísimo Satanás oía el programa, de manera que consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran alimentos y los llevaran hacia la mujer, con la siguiente instrucción: Cuando ella pregunte quien mandó estos alimentos, respondan que fue el DIABLO! Y veremos cuál es su cara al enterarse...

Cuando llegaron a la casa, la mujer los recibió con alegría y fue inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios del diablo.

Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le preguntaron: ¿La señora no quiere saber quién le envió estas cosas?

La mujer, en la simplicidad de la fe, respondió:- No, mi hijo.. No es preciso. Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece!


Internet, mentiras y elefantes de papel

Hispanidad, viernes, 10 de septiembre de 2010
Indignados y superados por un sentimiento de impotencia, lectores bien intencionados y amigos nos piden que publiquemos la última barbaridad que circula por la Red. El problema es que en demasiadas ocasiones las historias que se cuentan, las imágenes que nos muestran y hasta los subtítulos de los vídeos son falsos.

En mayo de este año circuló la denuncia de una supuesta quema reciente de iglesias por extremistas budistas en Olisabang y la amenaza de matar a 200 misioneros. El mensaje había sido rebotado de una a otra dirección, e incluso traducido al inglés, francés, italiano, polaco..., y según la versión estaba firmado por el P. Buonamassa, el P. Trevor o el P. Samuel Chetcuti, provincial de los franciscanos. Aunque existe el Padre Chetcuti, tales ataques nunca se produjeron. Es más, Olisabang ni siquiera existe, según se explica en diversaspáginas, como tampoco existen los extremistas budistas en la India. Lo cierto es que sí existe persecución contra los cristianos en India y que en 2007 grupos hinduistas radicales quemaron iglesias y conventos cristianos en el Estado de Orissa. Los mismos grupos continúan en la actualidad atacando a los cristianos también en otros Estados
Igualmente falso era el correo que al menos desde el año 2000 cruza ha dado la vuelta al mundo varias veces, que de vez en cuando resurge, y en el que se anunciaba el estreno de una película titulada “Jesús y sus discípulos gays”. El mensaje pedía firmas para frenar la llegada de la cinta a los cines y la difusión. Nunca se estrenó, pero es que tampoco se rodó. En cambio, sí continúa en Internet el vídeo en el que un actor que interpreta a un Cristo afeminado canta “I will survive”, tema asociado al mundo homosexual. En la última década se han estrenado películas anticristianas, sin duda: desde las españolas “Teresa: el Cuerpo de Cristo”, “El discípulo” o “Camino” hasta “Amen”, “The Body”, “El Crimen del Padre Amaro” o “El Código Da Vinci”, por citar sólo algunas. James Cameron dijo haber descubierto la tumba de Cristo, se forró rodando un documental sobre la búsqueda; finalmente, todo era mentira, pero nadie lanzó una cadena de correos para difundir la verdad a los cuatro vientos.
Algo similar ocurre con las imágenes: todos recordarán la imagen de Zapatero inaugurando con Mohamed VI un mapa de Marruecos que incluía el Sahara Occidental, Canarias y Andalucía. La imagen había sido manipulada (he aquí la auténtica), pero eso no significa que un mapa similar existiera y que el entonces líder de la oposición no lo viera. Digamos que alguien no encontró la foto auténtica del mapa y elaboró una interpretación artística: Zapatero la vio y Aznar también.

Otros bulos interesantes llegados a esta redacción invitan al aplauso para la peineta contra Ahmadineyad (en realidad, la supuesta heroína no era tal) o la historia de las falsas bodas pederastas de Hamas, con fotos que daban verosimilitud a lo que se contaba, pero que no correspondían a la verdad.

Este tipo de rumores con contenido político, ideológico o religioso ha encontrado en Internet un caldo de cultivo más que adecuado y, una vez en marcha, es casi imposible pararlos. Al igual que los bulos y las leyendas de toda la vida tienen su moraleja y representan estereotipos e historias que todos estamos dispuestos a creernos porque en muchos casos tienen un trasfondo de verdad (persecución anticristiana, blasfemia institucionalizada, islamistas radicales, terroristas sin escrúpulos...) y en otros representan cómo nos gustaría que fuera la realidad (una musulmana rebelándose contra el presidente de Irán). El efecto de estas falsas historias, reenviadas en la mayoría de los casos con la mejor intención y desconociendo que son mentira, acaba resultando particularmente perjudicial, pues ofrece argumentos a islamistas radicales, blasfemos y anticristianos en general. Y lo hace de una forma muy sofisticada, diluyendo la verdad en un mar de mentiras hasta que es imposible distinguir una y otras y, por tanto, devalúa cualquier denuncia por cierta que sea. Es lo que ocurría en el fondo cuando El País aclaró en marzo que lo que se presentó como ataque religioso en Nigeria era sencillamente un conflicto económico. De la misma forma, a los islamistas les faltó tiempo para decir que lo de las bodas pederastas de Hamas era sólo una más de las mentiras vertidas contra los musulmanes y, de paso, tampoco es cierto que conquistaran la Península Ibérica en 711.

No se trata de esbozar una teoría de la conspiración para concluir que una misteriosa sociedad difunde rumores para frenar el efecto de las denuncias y mermar el activismo de los cristianos, simplemente presentamos la consecuencia: la mejor forma de ocultar un elefante en la Quinta Avenida es llenando la Quinta Avenida de elefantes, sólo que en este caso, son de papel.

Rodrigo Martín

domingo, 14 de noviembre de 2010

Testimonio de una sobreviviente al aborto

Cuando tenía 7 meses y medio en la panza la quisieron abortar inyectándole solución salina, quemándola por dentro. Debería haber nacido muerta a las 24 horas. O a lo sumo, desfigurada y ciega. Pero nació bien. Este es su testimonio.



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sábado, 23 de octubre de 2010

Cuando uno se comprende desde el otro lado

Cuantas veces nos hemos visto o pensado como "hijos". En relación con nuestros padres o en relación con Dios. Yo, personalmente, lo he hecho muchas veces. Principalmente porque es una de las primeras categorías que aprendemos. Nacemos siendo hijos. A medida que crecemos vamos creciendo en nuestra conciencia de ser hijos: en relación con nuestros padres, con nuestros hermanos y todas las demás personas que también tienen una mamá y un papá y que, por lo tanto, son hijos.
En la medida en que vamos creciendo en estas relaciones vamos conociendo los distintos aspectos del "ser hijos". En general esto implica que hay alguien que nos quiere, nos cuida, nos pone en primer lugar, hace todo lo que está a su alcance para nuestro bien, etc.
Pero cuando nos descubrimos "hijos de Dios", todas estas cosas pasan de un "puede ser" a una seguridad: hay Alguien que nos ama, nos cuida, nos pone en primer lugar y hace todo lo que está su alcance para nuestro bien (nuestra salvación).
Y cuando uno cree que entendió algo... que conoce algo... Dios se encarga de mostrarnos que nuestra visión es parcial, incompleta. Porque, ¿qué sucede cuando uno pasa "del otro lado"? ¿Qué pasa cuando uno pasa a ser padre?
Al menos en mi caso, uno se da cuenta que no sabía nada. Uno creía saber lo que es ser hijo, sentirse amado como hijo, sentirse cuidado como hijo, saber que hay alguien que busca afanosamente nuestro bien. Pero uno se da cuenta que tenía una visión muy limitada. Ahora, siendo padre, sé cuánto ama un padre a su hijo, cuanto lo cuida, hasta dónde es capaz de "negarse a sí mismo" para que su hijo esté bien. Y es entonces cuando uno, descubriendo su "ser padre", resignifica y redescubre su "ser hijo". Uno se siente notoriamente mucho más amado... más cuidado... más hijo.
Pero seguramente, cuando con la ayuda de Dios, Él nos reciba en su gloria, nos daremos cuenta, una vez más, que todavía nuestra percepción era parcial. Porque "si ustedes que no son buenos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el Cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!".
Pensar en esto, a esta altura, hace que no pueda imaginarme cuanto Dios me ama y cuanto Dios ama a cada uno de sus hijos. Sólo sé que, si Dios me ama más de lo que yo amo a mis hijos, es un amor que claramente cambia mi manera de ver a Dios, a mí mismo, a mis pecados, a mis aciertos, a mis hijos, a mis padres, a mi familia y a mi vida entera.

Vuelta al ruedo...

Pido disculpas a los seguidores del Blog por la imposibilidad de comentar los artículos durante el último mes.
Al parecer la gente de Blogger habilitó una nueva herramienta para los administradores de "detección de spam" en los comentarios, que aparentemente es lo que estaba impidiendo que salgan en la página. Y yo no lo noté hasta hoy, que pude ponerme a investigar un poco el problema (porque hasta el momento sólo entraba al Blog para ver si había nuevos comentarios, ya que el 20/9 nació mi segundo hijo y el tiempo para entrar al Blog se vio notoriamente reducido).
La buena noticia es que "aparentemente" el problema está resuelto, Tobías se está recuperando de algunos problemas de salud que tuvo y ya podré dedicarme al Blog como de costumbre.
A todos muchas gracias por la paciencia y el apoyo. Abrazo

miércoles, 1 de septiembre de 2010

LIBERTAD RELIGIOSA Y MISIÓN CATÓLICA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL - por Monseñor Charles J. Chaput, Arzobispo de Denver

Comparto con ustedes una buena ponencia de Mons. Chaput, arzobispo de Denver, en la 15º Asamblea anual de canonistas en Slovakia, cuyo texto en inglés pueden encontrar en el sitio web de la diócesis de Denver (USA):

http://www.archden.org/index.cfm/ID/4396

http://www.archden.org/repository//Documents/ArchbishopChaputCorner/Addresses/LivingWithinTheTruth_Slovakia_8.24.10.pdf

y cuya traducción al castellano (más o menos) se encuentra aquí:

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1344457?sp=y



Hoy en una era de interconexión global, los desafíos que enfrentan los católicos en Estados Unidos son sustancialmente los mismos que en Europa: enfrentamos una visión política agresivamente laica y un modelo económico consumista que desembocan – en la práctica, si no con intención explícita – en un nuevo tipo de ateísmo incentivado por el Estado. […]

En los Estados Unidos, una nación que todavía es cristiana al 80 por ciento con altos niveles de práctica religiosa, las agencias de gobierno pretenden cada vez más dictar cómo es que los ministros de la Iglesia deben actuar, y pretenden así obligarlos a comportamientos capaces de destruir su identidad católica. Se han hecho esfuerzos para desalentar o criminalizar la expresión de algunas creencias católicas como si fueran "discursos de odio". Nuestros tribunales y administraciones cumplen actos recurrentes que minan el matrimonio y la vida de familia, y buscan eliminar de la vida pública los símbolos cristianos y los signos de su influencia.
En Europa, asistimos a tendencias semejantes, aunque marcadas de un desprecio más abierto por el cristianismo. Se burlan de los jefes de la Iglesia en los medios de comunicación y en los tribunales, simplemente porque explican las enseñanzas católicas. […] Al inicio de este verano hemos asistido a formas de prevaricación no antes vistas en este continente desde los días del nazismo y de los métodos de policía soviéticos: el palacio arzobispal de Bruselas rebuscado por los agentes, los obispos arrestados e interrogados por nueve horas sin las garantías de ley, sus computadoras personales, los teléfonos celulares y los documentos decomisados. Hasta las tumbas de difuntos hombres de Iglesia fueron violadas durante las pesquisas. Para la mayor parte de los estadounidenses, esta especie de calculada pública humillación de jefes religiosos sería un ultraje y un abuso de poder del Estado. Y esto no por motivo de la virtud o de la culpa de alguno de los líderes religiosos involucrados, ya que todos nosotros tenemos el deber de obedecer a las leyes justas. Más bien, el ultraje está en el hecho de que la autoridad civil, con su acidez, muestra desprecio por las creencias y los creyentes que son representados por sus jefes. [...]
El cardenal Henri de Lubac escribió una vez que "no es verdad que el hombre no puede organizar el mundo sin Dios. Lo que sí es verdad es que sin Dios [el hombre] puede al final organizarlo sólo contra el hombre. Un humanismo exclusivo es un humanismo inhumano".

Occidente se está ahora decididamente moviendo en la dirección de este nuevo "humanismo inhumano". Y si la Iglesia quiere reaccionar en plena fe, debemos poner en práctica la lección que hemos aprendido bajo los regímenes totalitarios. Un catolicismo de resistencia debe fundarse en la fe en las palabras de Jesús: "La verdad os hará libres" (Jn 8, 32).
Vivir en la verdad significa vivir según Jesucristo y la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras. Significa proclamar la verdad del Evangelio cristiano, no sólo con nuestras palabras sino con nuestro ejemplo. Significa vivir cada día y cada momento con la sólida convicción de que Dios vive y que su amor es la fuerza que mueve la historia humana y el motor de cada auténtica vida humana. Significa creer que vale la pena sufrir y morir por las verdades del Credo.
Vivir en la verdad significa también decir la verdad y llamar a las cosas por su nombre. Y ello significa desenmascarar las mentiras según las cuales algunos hombres buscan forzar a los otros a vivir.

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Dos de las más grandes mentiras en el mundo de hoy son estas: la primera, que el cristianismo ha sido de importancia relativamente menor en el desarrollo de Occidente; la segunda, que los valores y las instituciones occidentales pueden sostenerse sin basarse en los principios morales cristianos. […]
Disminuir el pasado cristiano de Occidente tal vez se hace con las mejores intenciones, con el deseo de promover una coexistencia pacífica en una sociedad pluralista. Pero más frecuentemente se hace para marginar a los cristianos y neutralizar el testimonio público de la Iglesia.
La Iglesia tiene el deber de anunciar y combatir esta mentira. Ser europeo o americano es ser heredero de una profunda síntesis cristiana del arte y de la filosofía griega, del derecho romano y de la verdad bíblica. Esta síntesis ha dado origen al humanismo cristiano que anima la entera sociedad occidental.
Sobre este punto podemos citar al estudioso y pastor luterano alemán Dietrich Bonhoeffer. Él escribió estas palabras en los meses previos a su arresto por parte de la Gestapo en 1943: "La unidad de Occidente no es una idea sino una realidad histórica, cuyo único fundamente es Cristo".
Nuestras sociedades en Occidente son cristianas por nacimiento y su supervivencia depende de la persistencia de los valores cristianos. Nuestros principios mayores y las instituciones políticas están fundadas, en gran medida, en la moral del Evangelio y en la visión cristiana del hombre y del poder. Hablamos por lo tanto no sólo de teología cristiana o de ideas religiosas. Estamos hablando de los fundamentos de nuestras sociedades: gobiernos representativos y separación de poderes; libertad de religión y de conciencia; y sobre todo dignidad de la persona humana.
Esta verdad respecto a la esencial unidad de Occidente tiene un corolario, que Bonhoeffer ha señalado: quitar a Cristo es remover el único fundamento confiable para nuestros valores, instituciones y modos de vida.
Esto significa que no podemos prescindir de nuestra historia por cualquier superficial preocupación de no ofender a nuestros vecinos no cristianos. No obstante las habladurías de los "nuevos ateos" no hay ningún riesgo de que el cristianismo sea impuesto por la fuerza a ningún pueblo, en Occidente. Los únicos "estados confesionales" en el mundo de hoy son los de la esfera islámica o los de dictaduras ateas: regímenes que rechazan la creencia del Occidente cristiano en los derechos individuales y en el balance de poderes.
Quisiera observar que la defensa de los ideales occidentales es la única protección que nosotros y nuestros vecinos tienen para defenderse de una caída en nuevas formas de represión, ya sea por manos del Islam extremista o de tecnócratas laicistas.
Pero la indiferencia por nuestro pasado cristiano contribuye a la indiferencia por la defensa de nuestros valores e instituciones en el presente. Y esto me conduce a la segunda gran mentira según la cual vivimos hoy: la mentira de que no existe ninguna verdad inmutable.
El relativismo es hoy la religión civil y la filosofía pública de Occidente. De nuevo, los argumentos esgrimidos para sostener este punto de vista pueden parecer persuasivos. Dado el pluralismo del mundo moderno, puede parecer sensato que la sociedad quiera afirmar que ningún individuo o grupo tenga el monopolio de la verdad; que lo que una persona considera bueno y deseable no lo sea para otro; y que todas las culturas y las religiones deban ser respetadas como igualmente válidas.
Sin embargo, en la práctica constatamos que si no se cree en principios morales estables y en verdades trascendentes nuestras instituciones políticas y los lenguajes se vuelven instrumentos al servicio de una nueva barbarie. En el nombre de la tolerancia llegan a tolerar la más cruel de las intolerancias; el respeto por otras culturas llega a imponer el desprecio de la nuestra; enseñar a "vivir y dejar vivir" justifica que los fuertes vivan a expensas de los débiles.

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Este diagnóstico nos ayuda a entender una de las fundamentales injusticias en Occidente hoy: el crimen del aborto.
Se que la licencia del aborto es materia de leyes en casi todas las naciones de Occidente. En algunos casos, esta licencia refleja la voluntad de la mayoría y está confirmada por instrumentos legales y democráticos. Y soy consciente de que muchos, incluso dentro de la Iglesia, encuentran extraño que nosotros los católicos en Estados Unidos sigamos colocando la sacralidad de la vida prenatal tan al centro de nuestro espacio público.
Permítanme deciles por qué creo que el aborto es la cuestión crucial de nuestro tiempo.
Primero porque también el aborto tiene que ver con vivir en la verdad. El derecho a la vida es el fundamento de todos los demás derechos humanos. Si este derecho no es inviolable, ningún otro derecho puede ser garantizado.
O para decirlo más claramente: el homicidio es homicidio, sin importar cuan pequeña sea la víctima.
Hay otra verdad que muchas personas en la Iglesia no tiene bien en consideración. La defensa del neonato y de la vida prenatal es un elemento central de la identidad católica desde el tiempo de los apóstoles. […]
Lo prueban los más antiguos documentos de la historia de al Iglesia. En nuestros días – cuando la sacralidad de la vida está amenazada no sólo por el aborto, el infanticidio y la eutanasia, sino también por la investigación con embriones y por las tentaciones eugenésicas de eliminar a los débiles, los discapacitados y los ancianos enfermos – este aspecto de la identidad católica se vuelve más vital para nuestro ser discípulos.
El motivo por el que cito el aborto es este: su difundida aceptación en Occidente nos muestra que sin un fundamento en Dios o en una verdad altísima nuestras instituciones democráticas pueden convertirse muy fácilmente en armas contra nuestra misma dignidad humana.
Los valores que nos son queridos no pueden ser defendidos por la sola razón, o simplemente por sí mismo.
Los valores que nos son queridos no pueden ser defendidos por la sola razón, o simplemente por sí mismos. No tienen ninguna auto-sostenibilidad o justificación "interna".
No hay ninguna lógica intrínseca o razón utilitaria por la que la sociedad deba respetar los derechos de la persona. Hay menos razones aún para reconocer los derechos de aquellos cuyas vidas imponen pesadas cargas a otros, como en el caso de los niños en el seno materno, de los enfermos terminales, o de los discapacitados físicos o mentales.
Si los derechos humanos no vienen de Dios, entonces dependen de convenciones arbitrarias entre hombres y mujeres. El mismo estado existe para defender los derechos de los hombres y mujeres y promover la expresión de los mismos. El estado no puede nunca ser fuente de estos derechos. Cuando el estado se atribuye a sí mismo este poder, también una democracia puede convertirse en totalitaria.
¿Qué es el aborto legalizado si no una forma de sustancial violencia que se disfraza de democracia? A la voluntad de poder del fuerte se le da la fuerza de la ley para asesinar al débil.

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He allí la dirección en la que se mueve Occidente. [...] En los años Sesenta Richard Weaver, un estudioso y filósofo social americano, escribió: "Estoy absolutamente convencido de que el relativismo al final llevará a un dominio de la fuerza"
Tenía razón. Hay una suerte de "lógica interna" que conduce el relativismo a la represión. Esto explica la paradoja de cómo las sociedades occidentales pueden predicar tolerancia y respeto de las diferencias mientras agresivamente demuelen y penalizan la vida católica. El dogma de la tolerancia no puede tolerar la convicción de la Iglesia de que algunas ideas y comportamientos no deben ser tolerados porque nos deshumanizan. El dogma que todas las verdades son relativas no puede permitir el pensamiento de que algunas verdades pueden no serlo.
Las convicciones católicas que más profundamente irritan las ortodoxias de Occidente son las referentes al aborto, la sexualidad y el matrimonio entre hombre y mujer. Esto no es una casualidad. Estas convicciones cristianas dicen la verdad sobre la fertilidad, el significado y el destino del hombre.
Estas verdades son subversivas en un mundo que quiere que creamos que Dios no es necesario y que la vida humana no tiene ninguna naturaleza o fin intrínseco. Por lo tanto la Iglesia debe ser castigada porque, a pesar de todos los pecados y debilidades de su pueblo, ella es todavía la esposa de Jesucristo; es todavía una fuente de belleza, de significado y de esperanza que se niega a morir; es, en suma, la más irreducible y peligrosa hereje del nuevo orden mundial. [...]

No podemos y no debemos abandonar el duro trabajo de un diálogo honesto. Jamás. La Iglesia tiene siempre necesidad de buscar amistades, áreas de consenso y vías para llevar argumentos positivos y razonados en el espacio público. Pero es absurdo esperarse gratitudes o incluso respeto de los líderes culturales y políticos que dominan hoy. La imprudencia ingenua no es una virtud evangélica.

La tentación en toda edad de la Iglesia es la de buscar ponerse de acuerdo con el César. Y es muy cierto: la Escritura nos dice que respetemos y oremos por nuestros gobernantes. Debemos tener un gran amor por el país que llamamos patria. Pero no podemos jamás dar al César lo que es de Dios. Como primera cosa debemos obedecer a Dios; las obligaciones de las autoridades políticas vienen siempre en segunda instancia. [...]
Vivimos en un tiempo en el que la Iglesia está llamada a ser una comunidad creyente de resistencia. Debemos llamar a las cosas por su nombre verdadero. Debemos combatir el mal que vemos. Y - cosa más importante - no debemos ilusionarnos con la idea de que poniéndonos de acuerdo con las voces del laicismo y de la descristianización podemos de alguna manera mitigar o cambiar las cosas. Sólo la verdad puede hacer libre al hombre. Debemos ser apóstoles del Señor Jesús y de la verdad que Él encarna.



Agradezcamos por esta excelente ponencia de Mons. Chaput rezando por él y por el padre Xavier Ryckeboer, quien me envió este artículo para compartir con ustedes en el Blog. Que Dios siga bendiciendo a estos santos sacerdotes con su gracia e iluminándonos a nosotros con sus palabras.

El tema ganador de la encuesta fue "la familia", de manera que el próximo artículo será sobre ese tema. Como siempre, los invito, no sólo a comentar los artículos, sino también a colaborar con temas y escritos para subir al Blog. Gracias a todos por su lectura y apoyo. Un abrazo en Cristo. Diego

jueves, 26 de agosto de 2010

Una ley que obstaculizaría predicar la doctrina cristiana

La Cámara de Diputados de la Nación aprobó por unanimidad, el pasado 11 de agosto, la modificación de la ley contra la discriminación, para incorporar la no discriminación por “género, identidad de género o su expresión y orientación sexual". “De convertirse en ley -señaló Mónica del Río en una nota publicada en el boletín Notivida- los que defienden el orden natural serían pasibles de sanciones, y con esta ley mordaza “la dictadura del relativismo” va cerrando el círculo: claudicación o persecución”.

“Se considerarán actos discriminatorios -explica la nota de Notivida- a los que tengan por objeto o resultado impedir, obstruir, restringir o menoscabar el ejercicio de algún derecho o garantía, relacionado, entre otros, con cuestiones de “género, identidad de género o su expresión, y orientación sexual”.

El proyecto obtuvo la media sanción sin debate y fue votado junto a otros 13 expedientes porque no tenía disidencias ni observaciones. El resultado de la votación fue de 187 votos a favor, 0 en contra, 6 abstenciones y 63 ausentes.

Junto con la ley antidiscriminatoria se modificaría el Código Penal, para reprimir con prisión al que por cualquier medio aliente o incite a la discriminación por “género u orientación sexual”.

Quedarían legitimados para iniciar acciones judiciales por discriminación: el Defensor del Pueblo, el INADI y todas las asociaciones que trabajan por los “derechos” de gays (sodomitas), lesbianas, travestis, transexuales y bisexuales.

De convertirse en ley podrían ser sancionados los padres que se opongan a que a su hijo le digan en el colegio que puede elegir su orientación sexual y que todas las opciones son igualmente válidas, los docentes que enseñen que el verdadero matrimonio tiene una estructura natural y que no es lo mismo casarse con una persona del mismo sexo que con una del sexo opuesto, las congregaciones religiosas que no admitan homosexuales, los colegios que no acepten travestis entre sus docentes o los centros de salud que no internen a los travestis y afines en el pabellón de mujeres, las organizaciones que recuperan homosexuales, etc.

También podrían ser sancionados quienes prediquen la doctrina de la Iglesia que en el Catecismo de la Iglesia Católica dice: “la Tradición declaró siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”, o bien quienes citen los versículos 26 y 27 del capítulo primero de la Carta a los Romanos, donde San Pablo dice: “Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío”.

Buenos Aires, 25 de agosto de 2010, AICA

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

miércoles, 18 de agosto de 2010

Texto de Chesterton: escrito para la Inglaterra del 20, aplicable a la Argentina actual

En esta ocasión comparto con ustedes un texto que me mandó un amigo por mail. Excelente.

Te mando un pequeño texto de Chesterton, del libro La Nueva Jerusalén (pág. 173), publicado por Agape.
"En nuestra patria, afables constitucionalistas discuten a menudo acerca de la posibilidad de lograr un método para proteger la minoría. Si lograran encontrar algún método plausible para proteger la mayoría, habrían encontrado algo prácticamente desconocido en el mundo moderno. La mayoría está siempre en desventaja; las mayorías son difíciles de idealizar porque son difíciles de imaginar. La minoría es generalmente idealizada, a veces por sus sirvientes, siempre por ellas mismas. Pero tengo que confesar que mis simpatías están, generalmente, con la impotente y hasta invisible mayoría. Y mis simpatías, cuando miro a cosas que están más allá de lo que creo, están con los pobres judíos que creen en el judaísmo y todos los mahometanos que creen en el mahometanismo, para no mencionar un grupo tan oscuro como los cristianos que realmente creen en el cristianismo. Siento que tengo más en común, moralmente y hasta intelectualmente, con esas personas, y hasta con la religión de esas personas, que con las desdeñosas negaciones que constituyen la mayor parte de lo que es llamado ilustración".
Como verás, si bien fue escrito para la Inglaterra de la década del 20, resulta plenamente aplicable a la Argentina actual.
Te mando un abrazo.
Gustavo

domingo, 15 de agosto de 2010

Otra opinión sobre el "matrimonio" homosexual

Este artículo lo escribió la esposa de un amigo, la Lic. Elena Perea Muñoz (h), y que él me envió por mail para compartirlo en el Blog. Me pareció interesante, de manera que lo comparto con ustedes y los invito a animarse y sumar sus opiniones y perspectivas.

Una opinión sobre el matrimonio gay


Ante todo, quiero aclarar que esta opinión no está relacionada con las personas gay, sólo con la idea de qué alcance puede tener el matrimonio como institución. No creo que nadie deba pedir permiso para opinar de la manera en que lo hace…. Pero, si ofendo a alguien, sepan que no es mi intención agredir y por lo tanto, pido de antemano perdón.
Personalmente creo que hoy llegamos a este punto porque, previamente, a lo largo de los últimos años se fue dando una desvalorización del matrimonio como institución… Y creo que aquí tenemos también una responsabilidad, la responsabilidad de darle a cada cosa el valor y el lugar que le corresponde.
Muchos de nosotros podemos pensar que, en última instancia a nosotros no nos afectará esta ley porque realmente seguimos pensando que el matrimonio es entre un hombre y una mujer y pensamos obrar según esta máxima… pero la verdad es que éste es un cambio que da vuelta la sociedad y a la larga si nos va a afectar a nosotros y a nuestros hijos.
Cuando pienso en esta ley me viene a la cabeza la ley de divorcio y, recuerdo que en aquel entonces muchos pensaban que era un mal menor y no tenía consecuencias para los que pensaban casarse para siempre… pero hoy podemos ver cómo ese razonamiento resultó equivocado y el divorcio hizo estragos en la institución matrimonial, degradándola hasta el punto de que muchísima gente piensa hoy que el matrimonio es sólo un papel, algo simbólico y no el compromiso más radical que pueda realizar una persona, ya que es el único que implica:
1. La donación de toda la persona en toda su intimidad: el cuerpo, pues la promesa de fidelidad excluye el compartir la sexualidad con otro; y el alma, ya que el marco de la promesa de fidelidad es el amor y el respeto.
2. La co-posesión de todos sus bienes: nadie puede dudar del derecho de propiedad que tiene una persona sobre los bienes conseguidos con su trabajo. Mediante el matrimonio aceptamos que todo lo conseguido es fruto de los dos, sin distinción.
3. La perpetuación del nombre y la familia. Es la única institución capaz de resolver de manera completa el problema de la identidad.
Este compromiso único, total, tenía como único “mecanismo de seguridad” la reciprocidad, el hecho de que del otro lado, había un “otro” que se comprometía a lo mismo que yo y que lo único que podía liberarlo de su promesa era la muerte… era un juramento sagrado que sólo se disolvía con la muerte y, eso era lo que lo hacía tan firme, tan perdurable, tan capaz de resistir la adversidad.
Al admitir la disolubilidad del vínculo, le quitamos toda su fortaleza… porque le añadimos, a una promesa de por sí difícil, el ingrediente de la incertidumbre. La incertidumbre trajo la cautela, la cautela trajo la reserva, la reserva el individualismo y el individualismo hizo del matrimonio “post divorcio” una institución diferente… similar en lo exterior, pero diferente en su esencia: simplemente dejó de ser un juramento sagrado que sólo se disolvía con la muerte. Pasó a ser un contrato más o menos parecido a otro tipo de contratos o sociedades, siempre plausible de disolución por voluntad de las partes (o, en muchos casos de una sola de las partes).
Esa institución, que se fue devaluando poco a poco, está a punto de sufrir una nueva devaluación y esta vez una devaluación “asimétrica”. La simetría es por definición, la correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo. Pero, como podemos ver a simple vista, no hay correspondencia alguna entre la unión de varón y mujer y la unión de dos varones o la unión de dos mujeres…
Esta devaluación es, en realidad la muerte del matrimonio. En nuestra sociedad existirá una figura legal que llevará este nombre, pero esa realidad no se corresponde con la institución a la que tradicionalmente se llamó matrimonio. Es una resignificación del término, no una ampliación del mismo. Esta resignificación genera tanta confusión que hemos necesitado adjetivar el sustantivo matrimonio para poder entender a cuál de las instituciones nos estamos refiriendo. Por un lado está el “matrimonio gay”, con la pretensión de que todos los gatos son pardos y por otro el “matrimonio heterosexual” que ya no sabe cómo gritar que han confundido a la liebre con el gato.
El problema es que, mediante esta ley el Estado extiende sus brazos hasta el vapuleado matrimonio heterosexual y lo obliga a aceptar que, de ahora en adelante, acá no hay liebres, que todos son gatos y que, si le gusta bien y si no también.
¿No es espantoso que nos obliguen por ley a ser lo que no somos? Un gato es un gato y una liebre es una liebre. Vender gato por liebre es estafar. ¿No es aterrador que la ley nos estafe y nos obligue a no denunciar la estafa?
Lic. Elena Perea Muñoz (h)




jueves, 29 de julio de 2010

Un ejemplo de sacerdote llega al cine

Subo unos Trailers sobre una película centrada en la vida de un sacerdote contemporáneo que falleció hace poco. La película de llama "La última cima". Esperemos que llegue a Argentina. Espero comentarios y datos que conozcan o puedan averiguar de la vida de este ejemplo de sacerdote. Abrazo



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Espero sus comentarios y colaboraciones. Un abrazo en Cristo

viernes, 23 de julio de 2010

Comentario a la nota del diario La Nación titulada "Las noches romanas de los curas homosexuales"
La revista Panorama publicó una investigación en la que muestra a varios sacerdotes que frecuentan el circuito nocturno gay de la capital italiana; la respuesta de la Iglesia


La nota relata la investigación de un cronista de la revista que se infiltró en la noche romana y descubrió la presencia de varios sacerdotes en fiestas nocturnas con acompañantes de sexo masculino (investigación respaldada con cámaras ocultas).

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Entre las tantas cosas que se pueden decir sobre el tema, voy a centrarme esta vez en sólo 3 puntos:

1) La necesidad de coherencia.
Incoherencia 1: Porque vamos a suponer que "respetamos" las elecciones de todos, incluso que las "respetamos" en el sentido postmoderno de hoy en día (que significa que cada uno haga lo que se le da la gana, total a mí no me importa). ¿No deberíamos al menos exigirles coherencia? Digo: si alguien hace opción por la homosexualidad, ¿qué hace formando parte de una institución que la condena como un desorden contrario a la ley natural y la ley de Dios? ¿No debería separarse de la misma?
Incoherencia 2: Si la Iglesia condena este tipo de conductas, ¿no debería hacerse un trabajo de prevención desde la formación en los seminarios y de acompañamiento de los sacerdotes, para evitar encontrarse con el problema cuando explota?
Incoherencia 3: Muchos de los que se rasgan las vestiduras con este tipo de noticias y condenan a la Iglesia por esto, ¿no son los mismos que, en otras circunstancias, defienden la homosexualidad y no dudan en tildar a la Iglesia de retrógrada por considerarla un desorden? Si la homosexualidad es una opción tan válida como la heterosexualidad, ¿por qué ahora condenan a la Iglesia por esto? ¿No es que la homosexualidad estaba bien? ¿Qué falta hay en estos sacerdotes entonces?
Incoherencia 4: La nuestra. La de cada uno de nosotros. Porque el ministerio de cada uno de estos hombres está, en parte, en manos de nuestra oración. No niego la responsabilidad personal de cada uno de ellos, pero, ¿hemos rezado nosotros por los sacerdotes, para que Dios los sostenga en su ministerio, los haga cada día más santos y los proteja de este tipo de caídas que tanto mal le hacen a la Iglesia? Nosotros no somos espectadores del problema, somos parte del problema. Cuando leo este tipo de noticias y digo: "¡Qué desastre!", debería decirmelo a mí también por no haber rezado más, haber ofrecido más sacrificios y haber ofrecido más obras de caridad por estos sacerdotes que entregaron su vida a Cristo y a la Iglesia (y por ende, a nosotros).


2) Necesidad de testimonio
Es necesario en estos tiempos (en realidad, en todos, pero a nosotros nos toca este) el testimonio de santos hombres y mujeres que nos recuerden el llamado que todos tenemos a la santidad, que sean un espejo de Cristo en el mundo de hoy. Y esto corre para los sacerdotes (que deberían ser imagen de Cristo y no ocasión de escándalo), pero también para nosotros los laicos. Deberíamos lograr que por cada mal ejemplo de estos, haya miles de buenos ejemplos. Y, en realidad, no dudo de que los haya, pero deberíamos salir un poco más, mostrarlo. No por vanagloria (que sería todo lo contrario a los que Cristo nos pide) sino por caridad, para señalar un camino, para combatir la desesperanza, para erradicar de nuestros jóvenes la nefasta idea de que "no se puede ser santo en el mundo de hoy" o que es algo para "curas y monjas". Una misma cosa puede estar hecha materialmente igual, pero con distinto espíritu. Hagamos el bien y que se note, no por soberbia sino por amor al prójimo; no para enaltecernos sino para dar gloria a Dios, para demostrar que Dios sigue actuando hoy en día, que se puede, que no todo está perdido.

3) Recordar la doble condición de nuestra Madre, la Iglesia
Recordemos que, en cuanto fundada por Cristo, en cuanto comunión de los redimidos por Cristo, la Iglesia es SANTA. Pero en cuanto a sus miembros, cada uno de nosotros, la Iglesia es PECADORA. Por tanto, tengamos FE y ESPERANZA en esta Santa Iglesia que Dios nos regaló y tengamos CARIDAD para con nuestros hermanos que comparten nuestra condición de pecadores. Ayudando (si tenemos la posibilidad de hacerlo de modo más directo) o rezando por ellos (si es una realidad más lejana) es lo que nos exige la verdadera caridad cristiana.


Espero sus comentarios y (ojalá) un aumento en sus oraciones por los sacerdotes.
Un abrazo en Cristo. Diego


jueves, 22 de julio de 2010

La malicia de una ley de "Uniones civiles" homosexuales y las exigencias del amor

Un artículo escrito por un sacerdote amigo, el padre Xavier Rickeboeur

El Viernes, 09 de julio de 2010 a las 23:29

Algunos consideran que es una buena cosa inventar un régimen de uniones civiles que admita parejas homosexuales, y que evite algunos de los aspectos más urticantes de la ley de matrimonio hetero/homogámico, como podrían ser: la adopción conjunta, la fecundación in vitro, el uso del nombre matrimonio", etc.
Los motivos que se arguyen son variados: hay que contemplar una situación que se da en la sociedad, hay que asegurarles derechos previsionales, gananciales y hereditarios a las parejas que no encuadran en un matrimonio, etc. Hasta he encontrado alguna apelación al modo en que Jesús nos enseño a tratar con amor al prójimo.

¿Qué decir de la ley de uniones civiles?
Ante todo recordar cuál es el fin de la ley positiva. El ordenamiento de la vida social conforme a la razón y en orden al bien común. Es decir, tiene que tener una conexión intrínseca con la verdad objetiva -que no es lo mismo que la opinión dominante- y con el bien de la sociedad en su conjunto.
Es decir que una ley que manda o solamente permite comportamientos contrarios a la verdad de la naturaleza humana y nocivos al bien común de la sociedad, es una ley mala, inicua, una ley que es NO-LEY.
Si la ley debiera limitarse a reflejar y codificar lo que se da en la sociedad, como piensa el derecho posmoderno, pues imagínense cuántas barbaridades habría que amparar legalmente: habiendo tanto adulterio en la sociedad, habría que pensar en una ley que ampare y regule los adulterios; y así siguiendo.
Esta conexión necesaria de la ley con la verdad y el bien, hace que el ciudadano tienda a presumir que lo que la ley permite es bueno.
Una ley que ampare como realidad jurídica que dos personas del mismo sexo cohabiten sexualmente, se llame "matrimonio" o se llame "unión civil", es una ley que ampara y legitima conductas gravemente desordenadas y lesivas para el bien común.
Lo cual es justamente el gran objetivo de los que buscan afanosamente la sanción de esta nueva ley de matrimonios: legitimación social de las conductas homosexuales. No les interesa propiamente lo previsional, tampoco el tema de las herencias, tampoco tienen un mayor interés por adoptar niños. Quieren matrimonio con todas estas cosas, con el mismo nombre y prestigio, con todas las prerrogativas que tiene el matrimonio homosexual; quieren legitimación plena. Por eso se quejan que las uniones civiles son discriminatorias, aún si les solucionasen las aspiraciones previsionales o patrimoniales.
No obstante la insatisfacción y las quejas que tienen por la ley de uniones civiles, con ella logran lo esencial: la ley -y con ello, la nación- les reconoce que la vida homosexual es un comportamiento legítimo y enriquecedor para la sociedad. Y esto nunca se puede conceder, ni aprobar, ni apoyar.

¿Pero no sería un mal menor aprobarla ante el riesgo del matrimonio homogámico?
El mal menor, antes que ser menor es un mal. Y nunca es lícito impulsar un mal para obtener un bien. El fin no justifica los medios.
Si ya existiera una ley de homomonio, un legislador podría proponer que la sustituyan por una de uniones civiles, porque con ello estaría disminuyendo la malicia del sistema jurídico. Pero nunca la puede proponer en sí, porque sería hacer un mal.

¿Y qué hay de los derechos previsionales, o patrimoniales, o hereditarios que los matrimonios tienes, y las parejas homosexuales no?
En primer lugar, por algo los primeros los tienen y los segundos no. Porque la familia es algo ordenado y digno de ser promovido y favorecido a través de un cúmulo de beneficios; y las convivencias homosexuales no: ¿o alguien en su sano juicio cree convenga al bien común promover y favorecer la consolidación de las parejas homosexuales?
Pero supongamos que se viera conveniente ampliar las asignaciones previsionales o hereditarias, para contemplar situaciones no previstas en el actual ordenamiento. Pues bastaría cambiar las leyes que las regulan, no inventar una figura jurídica que legitima graves desordenes. Y si se modificaran estas leyes previsionales, hereditarias, etc., no deberían tener ninguna vinculación con la cohabitación sexual. Sería, sí, discriminatorio que Alex pueda incluir a José en su obra social solamente porque cohabita sexualmente con él, y que yo no pueda extender mi obra social a mi antigua niñera con quien -ciertamente- no cohabito. ¿O acaso alguien puede decir que la profundidad de mi amor por ella, es menor y menos legítimo que el amor que Alex siente por José?

¿Qué nos pide la caridad y la justicia que Jesús nos enseño a tener con los demás?
Que los amemos. Y amar es querer el bien del otro. Amar implica un compromiso y una fidelidad a la verdad y al bien objetivo del prójimo.
Por eso Jesús amaba -hasta derramar su sangre- al pecador pero odiaba profundamente su pecado. Y eso le llevaba a procurar afanosamente, con infinita paciencia y delicadeza, que el pecador abandone su pecado, que el errado se corrija. De no haber sido así, hubiera sido cómplice del pecado de los hombres y no su redentor.
Legitimar las conductas homosexuales, instituir figuras jurídicas que legitimen y otorguen derechos a las cohabitaciones homosexuales, es una grave falta de justicia y de caridad contra las personas de opción homosexual. Porque las alienta cómplicemente a perseverar en su desorden, en su mal; ayuda a confundirlas más; les hace más difícil emprender el camino liberador que las lleve a vivir conforme a su inmensa dignidad de personas humanas -y de redimidos por Cristo-.
Amar a los a homosexuales hasta dar la vida por ellos, debe llevarnos a una firme decisión de rechazar tanto la ley de matrimonio homogámico como la de uniones civiles.

Presentación y Bienvenida


Para quienes no me conozcan, soy Diego Feijóo, catequista y teólogo (aunque me faltan rendir algunos finales para recibirme de Bachiller-Profesor de Teología). Soy casado y tengo 2 hijos.
La razón que me movió a abrir el blog fue la necesidad de alzar la voz, de dar testimonio de la vida en Cristo, de hacer "Cyber-Apostolado" y crear un espacio donde otros también puedan hacerlo. Debo reconocer que la idea empezó a correr por mi cabeza luego de la marcha frente al congreso donde se pidió por la familia y para que no se apruebe la ley de matrimonio homosexual. Me pareció que estábamos haciendo algo que del otro lado ya venían haciendo desde hace mucho tiempo. El secreto de su éxito creo que estuvo en que fueron minando la opinión pública, cada uno, defendiendo lo que pensaban, en cada momento, con cada persona, convenciendo uno a uno. De hecho, conozco a muchos que, dentro de la Iglesia, se compraron el discurso de la igualdad y los apoyaron.
Y pensé: "Si hay gente, incluso heterosexual, que cree que es lo mismo el matrimonio heterosexual que la unión homosexual, es porque "claramente" nosotros no supimos descubrir, transmitir y hacer ver el valor agregado que tiene la unión en la complementariedad de la diferencia del hombre y la mujer". Y eso es algo que se hace cada día.
Por eso decidí abrir este blog. Para que, cada día, este sea un espacio en el que yo o cualquier otro que escriba aquí, pueda dejar un testimonio de la vida cristiana que nosotros conocemos pero que seguramente otros tantos no conocen. E incluso para hacer apostolado entre nosotros. Porque tal vez, Dios me haya mostrado algo que otro todavía no descubrió y sea yo el encargado de dárselo a conocer. O, lo que es más probable todavía, que otro haya descubierto algo que yo todavía no y me ayude a descubrirlo.
Espero, más allá de admirar a San Juan Bautista y de tratar de imitarlo, no ser "una voz en el desierto" de internet que nadie escuche, sino que mi testimonio le pueda servir a alguien. Seguramente, lo más valioso de este Blog sea el servir de inspiración a otros tantos santos hombres y mujeres para que, de esta manera u otra, se lancen a dar testimonio con más decisión y valentía. A pesar de lo que muchos piensan, hay muchos grandes ejemplos y testimonios de Cristo en el mundo de hoy. Sólo falta que se hagan escuchar más. Y si, como yo, creen que no son un ejemplo de nada, busquen y verán que tienen muchas cosas valiosas por compartir. Tal vez ese sea el problema. Estamos esperando un gran santo que dé testimonio. O esperamos nosotros ser santos para darlo. Pero no nos damos cuenta que para llegar a serlo, primero debemos dar esos pequeños pasos antes. Y si no, al menos, sumando nuestros pequeños testimonios, también podemos dar una gran imagen de la vida en Cristo que buscamos y vivimos.
Espero no haberlos aburrido ya en la primera vez que escribo. Les doy la bienvenida a todos los que quieran participar del Blog.
Un abrazo en Cristo. Diego